Todos los días es un nuevo comenzar en Cuba
Jueves, Julio 22, 2010 | Entrevista de la Semana
Los cubanos tienen sed de Dios, pero carecen de libertad para buscarle. Los mexicanos poco valoramos nuestra libertad religiosa y la riqueza de nuestra fe
Sonia Gabriela Ceja Ramírez
El Padre Ranjit Kumar Ekka, Sacerdote del Verbo Divino, estuvo como misionero en Cuba, del año 2000 al 2005. Forma parte de la tercera generación de católicos de su familia en la India, país donde mayoritariamente se practica la religión hinduísta. Dos de sus hermanas son religiosas: una Misionera de la Caridad, Congregación fundada por la Madre Teresa de Calcuta, y la otra, Misionera del Espíritu Santo.
En la India fue ordenado sacerdote del Verbo Divino y, después de unos meses, fue enviado como misionero a La Habana, donde los retos no fueron pocos. Primeramente, vino a México a perfeccionar su español en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y una vez en La Habana, recibió un templo casi en ruinas, que ni siquiera contaba con un Santo Patrón, ya que después de que la situación de la Iglesia en Cuba cambiara drásticamente a partir de la Revolución, el templo había sido abandonado, y el inmueble, del que se extrajeron cinco camiones de escombro, tenía que ser reconstruido prácticamente en su totalidad.
Católicos perseguidos
Los retos, para el Padre Ranjit, eran a nivel de fe, económicos, políticos y sociales. Para empezar, ahí la libertad de expresión es muy restringida, pues, como se dice coloquialmente “las paredes oyen”, y cualquier cosa que se ventile en el templo es informada de manera inmediata al Partido Comunista. “En las homilías sólo se puede predicar sobre el Evangelio, sin tocar situaciones sociales o políticas, porque la expresión más cotidiana puede ser malinterpretada y convertirse en un problema para quien la utiliza”.
En Cuba, ser creyente es prácticamente igual a ser contrarrevolucionario. La práctica religiosa está prohibida y no se puede rezar en comunidad. El sincretismo religioso está a la orden del día; la santería es una práctica común, y se utilizan santos católicos para realizar rituales paganos en los que se matan pollos y gallinas, cuyos cadáveres son abandonados luego a las puertas de templos católicos.
Los cubanos tienen sed de Dios, pero no tienen la libertad para buscarle dentro de una religión. No pueden poseer rosarios o estampas, organizar procesiones ni mucho menos tener una Biblia. Los extranjeros que traten de introducir cualquiera de estos objetos, pueden ser detenidos, tal como le ocurrió al Padre Ranjit la primera vez que viajó a Cuba, cuando tuvo que permanecer seis horas a resguardo en el aeropuerto.
Los retos de ser discípulo y misionero
Una vez establecido el Padre Ranjit, propuso como Patrona de la Parroquia a Santa Lucía, cuya imagen, días después de que el Obispo la aprobara como Patrona, encontraría el Padre abandonada junto con otras muchas en pésimas condiciones en un cuarto del conjunto parroquial. “Ahí estaba la imagen de Santa Lucía, completa, como si estuviera esperando”, comenta el sacerdote evocando las lágrimas que en ese momento le brotaron, y que hoy, al recordar ese momento, se asoman nuevamente a sus ojos.
El techo caía a pedazos, y los pocos recursos que le llegaban al Padre Ranjit por parte de su Congregación, eran invertidos en el remozamiento del inmueble, al cual destinaba, incluso, lo que le correspondía para sufragar sus alimentos; sin embargo, Dios provee, y el sacerdote comenzó a recibir apoyo de otros sacerdotes vecinos, entre ellos algunos mexicanos, Misioneros de Guadalupe.
“Le pedía a Dios, en algún momento, poder comenzar la catequesis en el templo con un buen número de fieles”, evoca.
Mas, cuando el Padre Ranjit llegó, tuvo que salir a buscar feligreses, y en primera instancia consiguió sólo a cuatro mujeres de entre 75 y 82 años de edad. Con ellas celebró su primera Misa en la isla. Pero a la vuelta de un año, contaba ya con medio centenar de feligreses, que incluían unos cuantos niños y jóvenes que, atraídos por el deporte, se acercaron al templo, después de casi dos años. De los pocos jóvenes que logró convocar, sólo uno había sido bautizado, pues practicar la religión implica perder beneficios dentro de la isla.
Con la esperanza de que la fe germine
Aunque el religioso hindú sabe que el esfuerzo fue grande y el proceso lento, los frutos continúan madurando. Al término de su estancia, la comunidad ya era más o menos sólida: Había catequesis infantil, formación bíblica, pastoral de la salud y pastoral social. Incluso se logró la recolección de firmas para la construcción de un nuevo templo.
El Padre señala que a partir de la visita del Papa Juan Pablo II a Cuba, en 1998, la fe católica tomó un nuevo aire, y pese a que por parte del Gobierno no ha habido una real apertura, el miedo de los fieles disminuyó y se acercan más a la Iglesia, aunque el compromiso continúa siendo poco. “Antes de la visita del Papa, la gente creía que la Iglesia era otro partido político y tenía la esperanza de que, como sucedió en Polonia, la visita del Santo Padre propiciara la apertura del régimen; sin embargo, esto no ocurrió y provocó frustración y desesperanza en algunos católicos”.
Mas, a pesar de las mínimas libertades, los católicos cubanos son fervorosos y profesan especial devoción por la Virgen de la Caridad del Cobre, San Lázaro, Santa Bárbara, San Judas Tadeo y Santa Lucía.
Conociendo esa situación y habiéndola vivido, el Padre Ranjit invita a los mexicanos a valorar el tesoro de la libertad religiosa y a comprometerse verdaderamente con su fe y con su Iglesia, así como apoyando mediante su oración las tareas pastorales y una transición pacífica en Cuba.
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