Fin del ciclo escolar – Vacaciones a la vista
Miércoles, Junio 30, 2010 | Entrevista de la Semana
Si bien el período vacacional es un tiempo de descanso, no debe convertirse en un ocioso pasar del tiempo. Niños y papás deben buscar actividades que apoyen el desarrollo del menor
Sonia Gabriela Ceja Ramírez
El ciclo escolar termina, y para muchos niños comienza una etapa de alegría. Al concluir el ciclo escolar, y una vez superada la fase de los exámenes y la entrega de calificaciones, empieza para los alumnos el período de relajamiento, de vacaciones, de literalmente no hacer nada; mientras que para muchos papás da inicio un lapso de angustia, de no saber qué hacer con sus hijos durante los casi dos meses que se prolonga el asueto vacacional.
Descanso después de un período de estrés
Para los niños es un estímulo terminar cada ciclo, pues tras haber superado las dificultades que implicó el ciclo de clases, como el tener que levantarse temprano, apresurarse por llegar a tiempo a la escuela, hacer las tareas, entregarse al estudio, empiezan a vislumbrar lo que será el principio de la próxima etapa educativa, en la cual se incluye la novedad de contar con una nueva profesora, la adquisición de libros y útiles y la probabilidad de tener nuevos compañeros de estudio y adquisición de novedosos conocimientos.
Así lo explica la Psicóloga Miriam Quezada Ramírez, quien trabaja en un colegio particular, precisamente en el área de Psicología: “Para el ser humano siempre es importante cerrar ciclos”.
Por lo general, los niños que han tenido un buen desempeño no presentan ninguna reacción negativa al término de las clases; sin embargo, “los niños que no han logrado superar sus bajos niveles académicos, pueden experimentar cierta ansiedad y temor de no poder salir adelante con el siguiente curso. Esto sucede, sobre todo, con alumnos mayorcitos que pasan a quinto o sexto grado.
“Pero los cambios más significativos ocurren cuando el niño pasa de una sección escolar a otra; es decir, de preescolar a primaria o de primaria a secundaria. El niño acostumbrado a un plantel, se cuestiona si en la nueva escuela tendrá o no amigos, y esto le puede generar cierta angustia”.
Los que tienen que repetir año
“Cuando los niños son pequeños y cursan los primeros años de preescolar, o el primero o segundo año de primaria y tienen que repetir el curso, por lo general no sufren un impacto tan fuerte, pues no lo dimensionan como lo hace el adulto; en ocasiones, es más angustiante para los papás pensar en que los niños tienen que repetir el año y que sus amiguitos van a burlarse de ellos. Mas, cuando el niño ha crecido y al finalizar la primaria o en los cursos de secundaria se queda reprobado, entonces el impacto psicológico es mayor, y conviene, incluso, cambiarlo de escuela, debido a que sus compañeros de clase, siendo ya mayorcitos, suelen ser más crueles, burlones y competitivos, lo cual puede generar conflicto entre los educandos”.
Para pasar un verano provechoso
A fin de gozar de unas vacaciones provechosas, es conveniente que el pequeño desarrolle actividades, bien sea deportivas o que le ayuden a reforzar las materias que durante el año le causaron dificultad.
“A muchos niños les cuesta trabajo la comprensión o el seguimiento de instrucciones, y para ello se les puede apoyar a través de la lectura. Se les puede regalar un libro, y tras su lectura hacerles preguntas relacionadas con el texto; y si son más chicos de edad, se aconseja relatarles cuentos y pedirles que los comenten. También es importante darles ciertas responsabilidades en la casa, como por ejemplo que desarrollen algunas tareas domésticas, para que aprendan que familiarmente también ellos deben contribuir de cierta manera con su labor y esfuerzo, al igual que deben hacerlo todos los miembros de la familia”.
Esto no significa que las madres de familia deban descargar sobre los niños en vacaciones toda la responsabilidad del hogar, pues aunque ellas trabajan y en ocasiones los nenes quedan al cuidado de los más grandes, quienes además se encargan de hacer el aseo y preparar los alimentos, este intercambio de roles puede confundir al niño, pues “por momentos tiene que comportarse como adulto y ejercer el poder y la responsabilidad, que le son retirados cuando mamá o papá vuelven a casa, y entonces el niño no sabe cómo actuar”.
Por otra parte, a la hora de elegir un “Curso de Verano”, deben tomarse en cuenta las habilidades y potencialidades de cada chaval: “Si al niño le cuesta trabajo relacionarse o cumplir con cierta disciplina, hay que buscarle actividades que requieran interacción de grupo; si se trata de deportes, pudiera ser integrado a un equipo de futbol, basquetbol o voleibol, para que aprenda a relacionarse y colaborar con otras personas que persiguen un objetivo común. Si el niño es muy inquieto, además de hacer deporte, que le sirve para canalizar su energía, es recomendable buscarle actividades relajadas, como clases de pintura, natación o música, que apoyen su desarrollo en otras áreas y le ayuden a encontrar equilibrio”.
Se crece jugando
A través del juego, el niño recrea situaciones y las resuelve: “Por medio del juego, el niño expresa lo que va sintiendo, y es por eso que los niños son más sanos en sus emociones que los propios adultos. Incluso a un niño, mediante el juego, se le pueden inculcar valores como el respeto, la disciplina de esperar su turno o el acatar siempre las reglas del juego; también puede aprender a controlar su enojo o frustración cuando está perdiendo, así como el respeto a los demás competidores cuando gana. Además, mediante actividades lúdicas, se refuerzan habilidades tales como memoria, atención, concentración, tolerancia, entre otras, y si los juegos se dan en familia, se refuerzan los vínculos afectivos”.
Y aunque ahora las vacaciones apenas comienzan, ya se debe ir pensando en el regreso a clases, motivando principalmente a quienes asistirán a la escuela por primera vez, para que acudan con gusto. “Hay que hacerles ver las ventajas de acudir a la escuela, como son conocer a otros niños, aprender cosas nuevas, jugar; hay que ir despertándoles el interés paulatinamente. No se les debe presentar la escuela como un lugar de castigo, diciéndoles, por ejemplo, que si no se portan bien tendrán que entrar a la escuela forzosamente, ni decirles que qué bueno que ya van a regresar a clases ‘porque ya nos tienen hartos’. Mediante este tipo de mensajes, se le crea al niño una idea negativa de la escuela”.
Es conveniente que el muchachito no deje de prestar atención y tener cuidado con sus uniformes y útiles escolares, no solamente para tenerlos dispuestos en su regreso a clases, sino para que lo haga habitualmente después de terminar su tarea.
Esta entrada fue publicada el Miércoles, Junio 30, 2010 a las 1:49 pm y está archivada en Entrevista de la Semana. Puedes seguir las respuestas a esta entrada a través del feed RSS 2.0. Puedes responder o hacer un trackback desde tu sitio.
