Este día del niño, comparte el Cardenal Sandoval las jornadas de su infancia
Viernes, Abril 30, 2010 | Relevante
Niñez de imaginación, trabajo y estudio
Claudia Ortiz AguilarEl festejo del Día del Niño, no consiste en los obsequios o el paseo que se les pueda dar ese día a los menores; a los niños debe regalárseles diariamente amor, atención y educación para que se forjen como hombres de bien y como buenos católicos; ese es el mejor regalo, sostuvo el Arzobispo de Guadalajara, Cardenal Juan Sandoval Íñiguez
El Pastor de esta diócesis llamó a los padres de familia para que den diariamente un presente a sus hijos, que les den cariño, “que vivan para ellos, que trabajen para ellos, que se sacrifiquen por ellos, que convivan, que los traten, que les demuestren cariño, y luego que los eduquen como hombres y como cristianos, ese es el regalo mayor”.
Lamentó que algunos papás quieran “pagar” sus ausencias o desatención con regalos, pero también criticó el hecho de que les obsequien juguetes ya hechos, que ellos enseguida destruyen, “cuando yo estaba chico, hacía mis juguetes para conservarlos, si era un trompo yo iba a comprarlo, tenía qué torcer la cuerda y ponerle la punta, entonces era un juguete que yo había hecho”.
Con motivo de esta celebración especial, Nuestro Pastor nos compartió unos breves recuerdos de su infancia:
P. ¿A qué jugaba cuando era niño y qué juguetes hacía?
CARDENAL SANDOVAL.- Era por temporadas, había la temporada de las canicas, la temporada del trompo, del yoyo, la de la zumba que era muy peligrosa; si tenías un cinco, comprabas un pedazo de lámina redonda, le hacías dos agujeros, le pasabas la cuerda por un lado y por el otro, y si no, con una corcholata, la aplastaba uno, le hacías sus dos agujeros, y esa era la zumba, la afilaba ahí con una piedra. Llegaban los ventarrones de febrero, y a hacer el papalote, era por temporadas.
P. Sin embargo no todo era juego, ¿dedicaba mucho tiempo también a ayudar en las tareas de su casa?
CARDENAL SANDOVAL.- La mayor parte se le iba a uno entre la escuela y el trabajo, no quedaba mucho tiempo libre.
P. ¿Nos puede platicar cómo era su jornada?
CARDENAL SANDOVAL.- Iba a la escuela de 9 a 12 y de 3 a 5. Mi padre me levantaba a las 5 de la mañana, me mandaba al potrero a traer las vacas, cuando llegaba yo, cerca de las 6 a la casa con las vacas, él ya tenía las pilas de comida preparadas, luego comían las vacas, las ordeñábamos, y me despachaba a mí con la leche a los entregos, mucha gente iba a comprar la leche ahí a la casa y otros eran entregos, cargaba yo un tarro acá y un balde acá para entregar la leche.
Volviendo de entregar la leche desayunaba y me iba a la escuela, en tiempo de aguas no había escuela, entonces la escuela nada más en tiempo de secas.
Saliendo de la escuela, había que ir a darles agua a los animales al medio día, teníamos un pozo de 28 ó 30 metros de hondo, con una manivela había qué sacar 30, 40 botes de agua para el mediodía, le sacaba el agua, comía y me iba a la escuela, volviendo a la escuela , a las 5 de la tarde, mi padre ya había traído las vacas, había qué darles de comer, ordeñarlas, e irme yo a llevar la leche y entregarla.
Volviendo a entregar la leche cenábamos, era una cena muy sobria, eran frijoles con tortilla y un vaso de leche, algunos días había arroz con leche que me gustaba mucho, sabroso con su canela por supuesto, cenábamos, salíamos a la calle a jugar, jugábamos a los encantados, al palo escondido, a la roña, y luego el grito de mi madre, por hay como a las 9, ya vénganse a rezar el rosario, y nos entraba un sueño cuando nos hablaban de rezar el rosario, pero por unos pellizcos que nos daba mi madre, nos despertábamos, rezábamos el rosario, acabando de rezar el rosario a dormir.

