El acontecimiento de la Resurrección
Miércoles, Marzo 31, 2010 | Entrevista de la Semana
El acontecimiento de la Resurrección
Una realidad que el corazón percibe
La Resurrección de Jesús es la fiesta más importante para la Iglesia, pues como dice San Pablo, si Jesús no hubiera resucitado vana sería nuestra fe. Este Misterio ha sido siempre motivo de estudio, análisis y
Mónica Livier Alcalá Gómez
El primer acontecimiento de la Pascua sucedió hace aproximadamente 1200 años antes de Cristo y se encuentra relatado en el Libro del Éxodo, donde se narra la liberación de Israel de la opresión egipcia. Fue dentro del mismo Egipto donde Dios comenzó la liberación de su pueblo: Mandó a los israelitas matar un cordero y pintar los dinteles de las puertas de sus casa con su sangre para que cuando el Ángel del Señor pasara y viera la sangre del cordero no hiciera ningún estrago en esa familia, que consistía en la muerte del primogénito.
Esto significa la Pascua, es el “Paso del Señor”, que perdona la vida donde ve la sangre del cordero y, por el contrario, que la quita donde no se encuentra: “Esto significa, entonces, que la sangre del Cordero que para nosotros es Jesús, nos libra de la muerte, nos permite vivir”, refiere el P. Juan Eduardo Vargas Flores.
La Pascua se celebraban cada año el día 14 del mes de Nisán, y consistía en comer un cordero sin defecto, de manera “rápida”, combinándolo con yerbas amargas que recordaban que, el paso por el desierto es una experiencia amarga y difícil: “Vale la pena tomar de aquí una enseñanza. Resalta que toda experiencia del hombre cuesta trabajo, se tiene que pasar por amarguras, pero finalmente vale la pena cualquier lucha, sufrimiento, búsqueda para obtener la verdadera libertad. La persona que no quiera pasar por el desierto no la obtendrá nunca”.
Las evidencias de la Resurrección
“Este acontecimiento histórico es único. No tenemos una idea de cómo podría haber sido antes de sucedido”. El Padre Eduardo Vargas afirma que, si bien algunos grupos judíos aceptaban la resurrección de los muertos, lo más probable es que la plantearan como una “revivificación”, ya que la Resurrección como la conocemos nosotros, fue revelada con el Misterio de Cristo.
“Ahora bien, las evidencias como tal no existen. Nadie fue testigo del momento. Recordemos que los Evangelios hablan de que los soldados que estaban custodiando el cuerpo de Jesús, solamente percibieron un temblor de la tierra pero no pudieron ver nada. Probablemente por miedo se cubrieron o huyeron”.
Si bien no existen pruebas del momento de la Resurrección, sí existen evidencias del Resucitado, aclara el P. Vargas, ya que se manifestó a los Apóstoles y a numerosos testigos: “Cristo mostró sus llagas para que los apóstoles vieran la continuidad histórica entre el acontecimiento de la Pasión y la Resurrección, para que vieron que era la misma persona, ahora glorioso y triunfante.
“El acontecimiento de la Resurrección debe ser, sobretodo, algo que se acepta desde la fe. No se trata de un sentimentalismo, visión o sueño, es algo real, que se puede constatar por los ‘cientos de hermanos a los que se les apareció el Señor’, según dice San Pablo en la Carta a los Corintios. La Resurrección es la participación de nuestra condición humana, toda nuestra persona, participará de la gloria de Dios, aún cuando el cómo no lo sabemos”.
Concepciones heréticas de la Resurrección
Desde los primeros siglos este acontecimiento histórico causó revuelo por lo que, diferentes escuelas y personas intentaron explicarlo. Lamentablemente cayeron en numerosos errores lo cuales, a pesar de todo, tuvieron y tienen gran difusión hasta nuestros días.
El docetismo, por ejemplo, decía que la muerte de Cristo había sido solamente aparente ya que Él nunca se encarnó, por lo que, al no vivir una vida terrena, no pudo sufrir: “La razón era que, para ellos, era impensable que el Todopoderoso pudiera estar atado en la carne, que el Eterno estuviera limitado en el tiempo. Eso chocaba para su concepción de Dios.
“Esto afecta nuestra fe por la razón de que si Cristo no asumió verdaderamente nuestra naturaleza humana, entonces ésta sigue caída en pecado, nunca fue restaurada, rescatada, santificada. Sabemos que nuestra naturaleza fue rescatada porque fue asumida por el Hijo de Dios”.
El patripasionismo por otro lado, afirmaba que Jesús verdaderamente sufrió, pero que también el Padre y el Espíritu Santo habían padecido, como si la muerte de Cristo implicara a las Tres Divinas Personas: “Sabemos que todo lo que tenga que ver con la Encarnación y todo el Misterio de Cristo es sólo aplicable al Verbo de Dios, no es aplicable a ninguna otra persona de la Trinidad, aunque la Revelación es una obra Trinitaria donde participa la voluntad del Padre, el amor del Hijo y la santificación del Espíritu”.
Para los estudiosos del tema
Las fuentes para hablar de la Resurrección debe ser, principalmente, la Sagrada Escritura: el Evangelio, Hechos de los Apóstoles, las Cartas de San Juan, de San Pablo. Cualquier investigación, si no nace de una reflexión orante y creyente de la Escritura puede ser especulación o teorías que quizás vayan incluso contra el mensaje del texto sagrado, asegura el biblista.
“Ciertamente hoy en día pueden salir muchos documentales o pseudos-estudios, negando la Resurrección, que pueden muy bien ser opiniones paralelas al propio evangelio. Para los creyentes, simplemente, no deben ser consideradas. Los invito por tanto a que se acerquen a los Evangelios, al testimonios de San Pablo y San Juan, e incluso al Apocalipsis, donde se presenta a Cristo con el testigo viviente, el testigo fiel, al que se le llama ‘el que antes estaba muerto y ahora vive por los siglos de los siglos’”.
En el caso de la “Síndone”, o Sábana Santa de Turín, el sacerdote afirmó que, aunque se han hecho estudios de importancia, e incluso ser un lienzo antiquísimo de la época del Jesús, la Iglesia no ha hecho ninguna declaración que atestigüe con toda certeza que se trata del lienzo con el que envolvieron a Jesús: “No podemos descartar nada, nos ha dado datos valiosos respecto a la probable estatura de Cristo, el rostro, las huellas”.
Sin embargo, no se puede decir que esto sea un testimonio “evidentísimo e irrefutable” de la Resurrección. Se le debe respeto y reverencia por la historicidad: “Yo creo que la primer evidencia para creer es la fe en el testimonio de los discípulos, ella se va trasmitiendo por este conducto, incluso en nuestros días, recibimos la fe de nuestros padres, y ellos de los suyos. Los cristianos tenemos una certeza interior que corresponde al alma, que no es explicable, que no es de laboratorio, pero nos hace creer que nuestro Dios está vivo y está encarnado y vive con nosotros, sufre con nosotros. Es una realidad que el corazón percibe”.

