2009: Un año bajo el signo de África, dijo el Papa a la Curia
Martes, Diciembre 29, 2009 | Relevante
Ciudad del Vaticano.- La mañana del pasado 22 de diciembre, en la Sala Clementina, tuvo lugar el tradicional encuentro del Santo Padre con los cardenales, arzobispos y obispos y miembros de la Curia Romana y de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano para el intercambio de felicitaciones navideñas.
Al principio de su discurso el Papa recordó, entre los acontecimientos que jalonaron el 2009, la conclusión del Año Paulino y la apertura del Año Sacerdotal, afirmando que tanto en la figura de San Pablo como en la del Santo Cura d’Ars, “se manifiesta el amplio alcance del ministerio sacerdotal”.
Después observó que el año que está a punto de acabar ha transcurrido en gran parte “bajo el signo de África”, comenzando por el viaje apostólico a Camerún y Angola. Benedicto XVI rememoró –también- su encuentro con los obispos africanos y la celebración del Sínodo para África.
Refiriéndose, posteriormente, a la peregrinación a Jordania y Tierra Santa en mayo de este año 2009, Benedicto XVI agradeció al Rey de Jordania la “manera ejemplar con que se compromete en la convivencia pacífica entre cristianos y musulmanes, así como el respeto de las otras religiones y la colaboración en la responsabilidad común ante Dios”.
El Papa también dio las gracias al gobierno de Israel “por todo lo que hizo para que la visita se desarrollase pacíficamente”, y por haber podido “celebrar dos grandes liturgias públicas en Jerusalén y en Nazaret”. Asimismo, manifestó su agradecimiento a la autoridad palestina “por la gran cordialidad con me acogió y porque hizo posible que celebrara una liturgia pública en Belén y me mostró los sufrimientos y las esperanzas de su territorio”.
“La visita a Yad Vashem significó un encuentro estremecedor con la crueldad de la culpa humana, con el odio de una ideología ciega, que sin ninguna justificación entregó a millones de personas humanas a la muerte y que con ello, en definitiva, quiso expulsar del mundo a Dios, al Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob y al Dios de Jesucristo. Así, este es, en primer lugar, un monumento conmemorativo contra el odio, un llamamiento urgente a la purificación y al perdón, al amor”.
El Santo Padre habló a continuación de su viaje a la República Checa en septiembre, un país “del que me habían dicho que cuenta con una mayoría de agnósticos y de ateos, donde los cristianos constituyen solo una minoría”. En este sentido, dijo que “es importante sobre todo el hecho de que también las personas que se consideran agnósticas o ateas nos preocupen a nosotros como creyentes. Cuando hablamos de una nueva evangelización, estas personas quizá nos asustan. Sin embargo, la cuestión de Dios sigue estando presente también en ellos. Tenemos que preocuparnos de que el ser humano no emplace la cuestión sobre Dios como cuestión esencial de su existencia”. (VIS)
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