¿DÓNDE ESTÁ MUERTE TU VICTORIA? – Entrevista al Padre Silvio Marinelli, encargado de la Pastoral de la Salud de la Arquidiócesis de Guadalajara
Miércoles, Octubre 22, 2008 | Entrevista de la Semana
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Mónica Livier Alcalá Gómez
¿Cómo debe el cristiano entender el tema de la muerte?
Debemos entenderlo como toda nuestra misión en la vida. Como conclusión de un itinerario, de un proceso de desarrollo que comienza el día del Bautismo. Las virtudes cristianas, las virtudes divinas, la vida misma que se nos da el día del Bautismo y debemos desarrollar nuestra vida. La muerte debería ser como la coronación de este proceso que nos debería llevar a ser mas parecidos a la Señor.
Por esta razón la muerte se configura como la última posibilidad de ser más parecidos al Señor crucificado.
Por esta razón la tradición católica ha dado mucha importancia a la muerte como la conclusión del camino bautismal, camino pascual que nos introduce en la vida verdadera, la vida de la Resurrección.
¿Cuál es la recomendación para las personas que viven en etapa terminal y sus familiares?
La recomendación no es cambiar en los últimos momentos de la vida. La actitud debe ser que, imitando a Jesús, el Buen Samaritano que cuidó del hombre caído al lado de la carretera a manos de unos bandidos, es decir, el verbo cuidar expresa la actitud fundamental de cada uno de nosotros, de nuestra tarea, nuestra responsabilidad ética frente a la vida de los demás. Y esto se manifiesta de una manera más intensa en los últimos meses o años de vida, cuando la persona vive una enfermedad crónica, o crónico degenerativa o terminal en donde necesita más lo cuidados. Cuidados corpóreos, cuidados de compañía y cercanía psicológica, de acompañamiento espiritual y a través de la oración y los sacramentos.
Entonces la familia también tiene un papel muy importante en ayudar a bien morir a las personas…
También a bien vivir este último momento que se llama muerte. No tomar la muerte como si fuera un momento aislado de la vida de la persona, sino ponerlas en todo el conjunto. Así el afecto, el amor que se manifiesta a lo largo de toda la vida, debe encontrar en los últimos momentos, una manifestación más intensa, porque la persona vive más pérdidas, tiene más necesidades, quizás espiritualmente se siente también sacudida, y por esos los cuidados de todo tipo adquieren una relevancia más importante.
¿Tenemos alguna referencia, ya sea bíblica o del Magisterio que nos hable acerca de la esperanza de la muerte?
Siempre la muerte ha sido parte de la reflexión teológica y pastoral de la comunidad católica. No es una novedad. La pastoral de los moribundos es una constante en toda la tradición, porque para ayudar a las personas a bien morir, esto es, morir con Cristo y morir como Él, esto es el bien morir según nuestra fe, esto es, en gracia de Dios, recibiendo los último sacramentos cristianos, y de la cual principalmente la Eucaristía como viático, como provisión para el gran viaje desde el umbral de la muerte.
Al mismo tiempo morir como Cristo, es decir, transformar la pérdida de la vida física en una ofrenda de uno mismo. Si la hemos recibido, al término de la vida podremos devolverla a quien nos la dio. Este es el sentido profundo del acompañamiento, de la comunión dada como viático, que tiene toda esta función de ayudar a la persona que está dejando a este mundo, a vivir su muerte como la última entrega después de toda la entrega dada a lo largo de la vida como respuesta a los dones que Dios en particular le dio en la vida física.
¿Por qué cree que es importante celebra el Día de Muertos, como lo conocemos en México; cómo debemos celebrarlo?
Este día es una tradición de toda nuestra fe católica en el sentido de que los muertos no desaparecen, sino que continúan en otra dimensión, en la Casa del Padre, y sabemos por nuestra fe que hay una comunión de los santos, que nos une también a los que nos han precedido en esta peregrinación terrenal, y esta conmemoración de los fieles difuntos es una manera para renovar nuestra esperanza en la resurrección y alentar estos vínculos que nos unen a los que ya terminado esta peregrinación. Que somos parte de la misma familia, que mis oraciones valen para ellos, y la de ellos y su cercanía también nos ayuda a nosotros, que estamos luchando en la tierra, es decir, tiene un sentido muy profundo de esta solidaridad que nos une más allá del límite la muerte física.
Esto a veces choca con todas las tradiciones del Día de Muertos, ya sea de origen precolombino u otros como los de Estados Unidos con el Hallowen; podríamos decir que existe un riesgo que se degrade el sentido profundo y hermoso de esta conmemoración de los fieles difuntos, y que derive en una fiesta pagana.
Esta bien que se hagan todas estas iniciativas para extorsionar el miedo a la muerte, nos burlamos, nos reímos de ella. Hacemos calaveras y tratamos de aturdir los recuerdos del que ya partió. Celebramos una especia de borrachera con la muerte. Viendo esto deberíamos admitir el miedo que tenemos a la muerte y es un miedo también a no honrar las exigencias de nuestra vida. El riesgo de detenernos es aspectos superficiales perdiendo el sentido de esta conmemoración.
¿Cuál es su recomendación para festejar este próximo 2 de Noviembre a los fieles difuntos?
Ante todo, participar de la liturgia. En esta ocasión es también domingo, por lo tanto se nos ofrece una oportunidad única para vivir esta conmemoración de los fieles difuntos, también como Eucaristía dominical.
Esto nos ayudará también a leer las lecturas, a meditarlas, a comprenderlas y también a tomar el compromiso de vivir nuestra vida como una tarea de la cual deberemos también dar cuentas; esto no para asustarnos, sino para vivirla con esta intensidad, de no desperdiciar este don de la vida como se ha recibido. Todo esto en solidaridad con nuestros hermanos en la fe que comparten nuestras inquietudes, nuestras esperanzas y también nuestros miedos. Debemos verlo en solidaridad para ayudarnos a dar estos pasos.

